domingo, agosto 14, 2005

DÍAS DE FERIA

Matilde estaba a punto de dar a luz, se quedó preñada de un sacerdote alcohólico que pregonaba oraciones a dios en una pequeñita iglesia de un barrio problemático. Sus padres, toxicómanos y funcionarios de la enseñanza, se suicidaron hacía muy poco. Fue una situación trágica que marcó a Matilde, que desde entonces sólo salía a la calle para comprar tabaco, pipas sin sal y revistas del corazón. Vivía con Walter, su compañero sentimental. Era un tipo sencillo, con lentes anchas y redondas, con barba de hace cuatro días, sufría a cada instante ticks nerviosos, a veces llegaba a la epilepsia.
Eran días de feria, las calles estaban a reventar de genitales calientes y sudados, la degeneración se olía a distancia, los disfraces de lunares adornaban el surrealista circo vicioso, el autoengaño era pasárselo bien, bailar y disfrutar del ambiente; El sistema corrompía a todo lo que se movía, la verdadera pasión era chupar algún coño o alguna polla, el trámite para conseguirlo era lo que más atracción tenía. Matilde era reacia a ese circo, sus kilos de más no le dejaban equilibrarse de la misma forma que los demás, tenía muchos complejos pero no hacía nada por remediarlos, simplemente engordaba cada día más al cerdo que llevaba dentro, y Walter estaba un poco enfermo haciéndose pajas a todas horas viendo las revistas de Matilde. Nunca salían a pasear, y lo poco que hablaban era para dedicarse gritos sin argumentos coherentes, por dentro se maldecían, Matilde detestaba el olor a sudor sucio de Walter, y él no soportaba la papada de ella, y mucho menos su sutil bigote. Ninguno de los dos trabajaban, vivían de la herencia de los padres de Matilde.
MIrando el "procono" por la noche, los documentales de la feria, a Walter se le ocurrió una idea.

- Matilde, ¿por qué no bajamos a la feria y nos comemos un choclo?
- Walter, por favor, sabes que no me gusta compartir mi alegría con la gente.
- ¿Alegría?, pero Matilde, ¿no te das cuenta que no nos damos cuenta de nada?
- ¿De qué me estás hablando?
- No tengo ni idea, pero va, vayamos sólo una noche, a lo mejor nos lo pasamos bien, hagamos algo diferente, la vida se nos pasa y a penas nos arriesgamos por nada.
- Mira Walter, si estás caliente meneatelá hasta correrte, pero por favor, ¡no quieras mancharme!
- Está bien, me iré sólo. ¿Es lo que quieres no?
- Walter, ¡lo único que quiero es ver a la gente por la tele!
- Luego dices que soy un viciosillo, ¿por qué no te atreves?
- Walter, por favor. Déjame tranquila, y haz lo que quieras.
- Está bien. Me voy, pero volveré...
- ¡Walter!, ¿ a dónde vas?.
- Voy a que me dé el aire, a bailar sevillanas y a ver culos, que lo único que veo es una plataforma.
- Eres un hijo de puta, ya me lo decía mi madre, "ese tipo está malito"...
- ¡Adios!.

Walter pegó un portazo y salió de casa sin asearse, con la misma camisa que hace seis o siete días, con el canalillo felpudo al descubierto, con sus prominentes gafas y su sudor constante. Llevaba pantalones largos grises, y unos zapatos negros con un lazito dorado en medio. Tenía que coger un autobús, se le olvidó la cartera en casa y no estaba dispuesto a volver.

-Señora, por favor, ¿me presta un euro para coger el bus?
- ¡Paco! ¡Paco! ¡Me quieren robar! ¡SOcorro!
- Pero señora, que no soy un ladrón, ¡sólo se lo pedía por favor!
- ¡Paco! ayy, ay, ¡me desmayo!, ¡Paco!

Paco estaba aún en la barra del bar esperando a que el camarero le diera la vuelta, lo dejó todo por socorrer a su esposa. Walter estaba asustado, y salió corriendo. Se había alejado de la zona de los autobuses. Tenía un poquito más complicado llegar al recinto teatral, ferial, perdón. Lo solucionó andando, le esperaba un largo viaje.
Después de hora y media llegó a su destino, un destino que le impactó en demasía. El ruido, las luces, la multitud, era alucinante, nunca se lo había imaginado de esa forma. Andaba como pato mareado sin rumbo fijo, miraba a todos lados, los ticks eran demasiado descarados. Se sentía algo incómodo, pero sabía que tenía que amoldarse.

- Hora, ¿tiene hola?.
- ¡Manolo! ¡socorro! ¡Este hombre está loco! ¡Me quiere hacer daño! ¡Manolo!
- Pero señora, no grite, sólo le pedía la hola.
- ¡¡Manolo!!

De nuevo tuvo que aligerar su paso, esta vez aún con más intensidad, Manuel corría detrás de él. Pronto lo perdió de vista, estaba más preparado físicamente que Manolo, imagínense a Manuel.
La situación le podía, no entendía cómo la gente lo tomaba por un ser tan despreciable. Así que volvió a probar suerte, esta vez en el puestecito de choclos.

- Hora, ¿a cuánto salen los choclos?
- A tres euros caballero. -Le encantó lo de caballero.
- Déjeme explicarle, es que salí de mi casa y me olvidé el monede...
- ¡Policía! ¡policía!

Otra vez, ahora le perseguían dos auténticos policías locales, con su chapita en el gorrito y con sus prominentes curvas de la infelicidad. Esto empezaba cada vez a tener peor pinta. Pero Walter volvió a ganar el pulso, estaba en una caseta, actuaba Tabletom.

- Ahora... Vamos a dedicarles esta canción a dos personas. Una a la que me ha tirado este hermoso muñequito, ha sido un detalle muy bonito. y Otra, ¡¡al hijo de la gran puta que me ha tirado esta piedra!!
- ¡¡¡Oeeeh!!! - Gritaba exaltada la multitud después de las palabras de Rockberto. Walter casi no podía creer lo que esba viendo, nunca había asistido a un acto como el que allí se estaba dando lugar. Sonaba "pescaitos fritos", muchos vatios de potencia. Pronto se sintió identificado con las letras, y ya era uno más entre la multitud, saltando y disfrutando del concierto.

Estaba exhausto, necesitaba algo líquido en su organismo, había terminado el concierto y buscaba la forma de conseguir algo para beber. Se topó con una fuente que refrescaba los veinte metros cuadrados de suelo que cubría y saltó las medidas de seguridad para alcanzar con la boca al agua.
Walter estaba en un furgón policial camino a la comisaría. Le hicieron pagar por acto improcedente. A la hora entre rejas hacía balance del día de feria. Sabía que al día siguiente volvería a casa. Estaba deseándolo.

- Matilde, ya estoy en casa.
- ¿Por qué no llegastes ayer?, ¿qué has hecho Walter?
- Bueno, es una larga historia.
- Me has tenido muy preocupada.
- Matilde, tengo que decirte algo que nunca antes te he dicho.
- Walter, por favor, no me asustes.
- Tengo que decirte que... que...
- ¿Quée?
- Que te amo.
- Walter...
- Te amo Matilde, hagamos el amor, fundamos nuestra piel entre sabanas y olor a sexo.
- Walter, tengo la regla, no podemos.
- Da igual la regla, Necesito sentir toda tu sangre.
- Ohh Walter... Chúpame el coño.
- Vale, pero chúpame tú a mí la polla.
- ¡Síii!

Días de feria...

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