LEE
POr favor, si alguien lee por casualidad estas palabras me gustaría que las olvidara inmediatamente, gracias.
POr favor, si alguien lee por casualidad estas palabras me gustaría que las olvidara inmediatamente, gracias.
Pascual cogió su coche como cada mañana y lo arrancó en dirección a su campo. Hoy le tocaba inspeccionar el avance de su cultivo de patatas. Al llegar al sitio se quedó asombrado, pues la tierra donde se suponía que estaba creciendo su cosecha estaba alterada, todo el terreno estaba irreconocible, parecía que un ciclón había pasado por encima, la tierra estaba totalmente desordenada. Pascual no podía dar crédito de lo que estaba viendo, se echó las manos a la cabeza y entró a la caseta que había en el centro de todo aquel alboroto. Fue con prisa, pensaba que había sido cosa de un asalto, cuando de repente, una vez dentro, se percató de que la casa estaba llena de patatas, por todos lados; entonces ocurrió lo impredecible: las patatas cobraron vida y se alinearon todas con enfado, dirigiendo sus miradas a la cara perpleja del atónito agricultor...
Tengo muchísima hambre, sería capaz de dar mi vida por comerme ahora mismo un plato de los montes, saborear la grasa líquida que desprende el lomo y que se funde con el aceite rojizo pasión del chorizo, mojar el pan en el huevo con la mano derecha y abrazar una patata frita con la izquierda mediante la miga, con extrema ansiedad, que casi no dé tiempo a darte cuenta de que lo engulles, sin degustarlo de una forma culta y sensata, vaya a meter alguien la mano en el plato y te quite tu comida. Sentir el más puro egoismo y poner cara de auténtico psicópata que sólo piensa en saciar toda su locura. "¡Camarero!, traigame otro plato de los montes, pero pongameló con unos pimientos fritos para decorar aún más si cabe esta espléndida obra de arte, y si tiene ensaladilla rusa, por favor, un platito que haga compañía a la soledad del monte".
Hoy es mi cumpleaños. Bueno, mejor dicho, hoy cumplo años. ¿Cumplir años?, qué ilusión, cada vez queda menos para viajar a Alfarnate con el inserso, tengo unas ganas... He pedido sólo un regalo, exactamente un poco de cordura, pero aún no he recibido nada. Si pudiera volver a nacer me gustaría nacer viejo, para cuando me hiciera mayor ser un saco de pellejos; ¡yeah! ¿no?, pareados como este no salen muy a menudo, a menos que seas un boludo. Mira, otro. ¿Será mi regalito?, ¿me habré hecho con un poco más de cordura?, a ver... ¿Hola?, ¿Estás ahí cordura?. Vaya, no contesta, seguro que me detesta. ¡DIos! ¿qué me está pasando? espero no estar contando andando al mando de Armando. MIerda, otro año más sin regalo. En fín, esto de las edades es una tontería. Es una cifra trascendental pero irracional, como la hora o el día. Trascendental para los clasiquitos trascendentales, irracional para los racionales. No hablo por mí. Aunque ahora que lo pienso, ¿para qué pienso?. A partir de ahora, quien ría, mueva o hable a palos con él... Una, dos y ¡tres!
Matilde estaba a punto de dar a luz, se quedó preñada de un sacerdote alcohólico que pregonaba oraciones a dios en una pequeñita iglesia de un barrio problemático. Sus padres, toxicómanos y funcionarios de la enseñanza, se suicidaron hacía muy poco. Fue una situación trágica que marcó a Matilde, que desde entonces sólo salía a la calle para comprar tabaco, pipas sin sal y revistas del corazón. Vivía con Walter, su compañero sentimental. Era un tipo sencillo, con lentes anchas y redondas, con barba de hace cuatro días, sufría a cada instante ticks nerviosos, a veces llegaba a la epilepsia.
Estaba tan borracho que percibía andar por calle "Cuatro Aceras", las cervezas del Passadena ese día hacían delirar como nunca... Me topé casi sin querer con Ella Fitzgerald. Llevaba un vestido blanco y comía un choripán con exceso de ganas. Nunca me la había imaginado de esa forma, siempre la idealizaba en el cielo contando historias de amor a la noche; me sorprendió. Le cantaba a un paquetilla con ansias de farlopa que esperaba aparcar algún coche. Parecía que era toda la droga que necesitaba. Cuando quise darme cuenta mi alucinación me hacía temblar, casi no podía creerlo, el paquetilla era Charlie Parker, ¡¡Charlie!!. No llevaba el saxo consigo, tenía una navaja de plata en la mano izquierda, aunque lo recuerdo borroso puedo asegurar que lo clavó en el pecho de Ella, decía que necesitaba su corazón. Su vestido blanco pasó a ser verdoso-azulado en poco tiempo, tenía la sangre del color del mar. Parker extrajo su corazón y clavó la punta de la navaja en su propio pecho, quería reemplazar su aparato vital. La sangre que corría por su chaqueta gris era de color marfil. Hizo el cambio. Ella llevaba el corazón de Parker, y viceversa. Las heridas cicatrizaron sólas, y la sangre que pintaban sus prendas desapareció. Se cogieron de la mano y comenzaron a caminar en dirección a "Carretería", poco a poco mi vista comenzó a perderlos. Me quedé sólo, en estado de chock, no tenía fuerzas para llegar a casa, así que me dí media vuelta en busca de aquellas cervezas; En fín. Era el momento idóneo de volver al "PassaPenas"...
Su sonido alcanzaba al infinito. Su fuerza y el espíritu de su mensaje siguen con vida. Los que lo sentimos y somos en cierta medida concientes de toda su grandeza espiritual, musical y vital tenemos el privilegio de tener sereno el subconsciente, es una inmensa alegría poder llegar a apreciar un átomo de toda su pureza. Mirando al cielo, todas las direcciones del espacio van a dar a su aurea, a su expresión formal y a su verdad. Su lenguaje es versátil, capaz de adaptarse al paso de los años y en su defecto ir progresivamente evolucionando hacia algo cada vez más inconcreto y eterno...El doctor "Farlo-Paco" estaba ansioso, la gran noche se avecinaba sin disimulo y todo estaba a punto. Los nervios casi no le dejaban ser persona, llevaba muchos meses obsesionado con su gran invento. Iba a clonar a Igor Stravinsky...